*María Cecilia Fernández
Era la noche del 7 de marzo en La Paz, Bolivia, cuando grupos feministas tomaron las calles en una manifestación previa al 8M, como ocurre en muchas partes del mundo. Sin embargo, este tipo de movilizaciones dejan una pregunta: ¿el feminismo realmente defiende a las mujeres?
Y es que el feminismo actual nos demostró ser autoritario y para nada lucha por las mujeres. Te encierran en su ideología política y en su lucha contra el «patriarcado», terminas atrapada en sus redes, obligada a un apoyo incondicional. Callar cuando su politico favorito maltrata a su esposa, traicionando así los valores que dicen defender.
Un ejemplo claro de esto es el caso del expresidente de Argentina, Alberto Fernández. Se declaró feminista, sin embargo, hace meses, su exesposa salió a declarar que sufrió violencia durante su mandato. A pesar de la gravedad del caso, ninguna feminista del país, ni del movimiento en general, se manifestó. Protestan contra la violencia, pero callan cuando su político favorito o “aliado” la ejerce.
Luchemos contra el patriarcado pero abortemos a nuestras niñas, luchemos contra el machismo permitiendo que hombres disfrazados de mujer arrebaten los logros y oportunidades a las mujeres reales en deportes y concursos.
Si el feminismo realmente defendiera la decisión de una mujer, ¿por qué critican a las amas de casa? Si dicen que se trata de elección, Sus gritos por igualdad callan cuando no exigen que las mujeres vayan a la guerra o realicen trabajos pesados como los hombres o cuando están frente a una mezquita expresan su máximo respeto.
Y para combatir la violencia contra la mujer debe combatirse desde su origen, como las familias disfuncionales, las adicciones y la falta de valores. No se solucionará con marchas vandálicas, tomas de catedrales ni con gritos, coreografías o en esa su búsqueda de identidad que pide privilegios y más intervención estatal, como ministerios de la mujer o leyes de cuotas de género. Pero la experiencia, como en Argentina, ha demostrado que estas medidas no funcionan.
Ser mujer no significa victimizarse ni depender de una ideología para encontrar nuestra identidad. Nuestro valor como mujeres no radica en cuántos privilegios acumulemos, sino en demostrar nuestra capacidad y en sobresalir sin necesidad de esos privilegios.
Creo que la mujer tiene el poder de decidir su propio camino. Puede ser líder, madre, empresaria, intelectual y, por supuesto, hacerse cargo de las consecuencias de esas decisiones. No necesitamos estar en constante lucha contra el hombre, sino aprender a construir a su lado.
Es tiempo de que las mujeres abracemos nuestra grandeza y comprendamos que la feminidad no es una debilidad, sino una fortaleza. La verdadera revolución no está en la confrontación, sino en la seguridad de saber quién eres.
*La Revista Fizuras no adopta posiciones colectivas. Las publicaciones sólo representan las opiniones de sus autores individuales.

Estudiante universitaria con una ideología conservadora. Promueve el respeto a la vida, la familia tradicional y la ética profesional. Defiende las ideas de la libertad, la responsabilidad individual y la propiedad privada, así como el respeto hacia la vida del prójimo.
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