Por primera vez en dos décadas, el escenario político boliviano se presenta con una multiplicidad de ejes de confrontación. De un lado, la oposición intenta construir un bloque unitario para enfrentar al Movimiento al Socialismo (MAS), mientras que el otrora partido hegemónico enfrenta una fractura interna que podría redefinir el mapa político del país.
¿Es posible la unidad opositora en Bolivia o es un espejismo?
La «unidad» se ha convertido en el mantra de la oposición tradicional. Sin embargo, esta idea es problemática en sí misma: ¿se trata de una unidad partidista o meramente caudillista? ¿Existe un factor realmente unificador más allá del anti-masismo? ¿Quiénes pueden participar? ¿Cuál es el método para elegir a un líder consensuado? Y, lo más importante, ¿estarán dispuestos los perdedores a ceder su espacio político?
La política boliviana no se estructura sobre partidos sólidos, sino sobre figuras individuales con plataformas temporales. Más que partidos, hay agrupaciones políticas efímeras y remanentes de siglas que resurgen en cada elección. En este contexto, la unidad se convierte en una batalla de egos.
La oposición fragmentada: una lucha de egos y sin programa común
Ejemplo claro de ello es la confrontación entre Manfred Reyes Villa y Chi Hyun Chung, ambos desarrollando campañas individuales y desmarcándose de cualquier intento de cohesión. Al carecer de un eje programático fuerte, la «unidad» opositora se reduce a una lucha por intereses personales, donde cada caudillo defiende su cuota de poder. Si el único factor de cohesión es la lucha contra el MAS, esta estrategia resulta insuficiente, pues no genera expectativas ni ofrece una alternativa viable para el electorado.
Aun si se lograra consensuar un programa común, la unidad solo sería posible si los actores políticos estuvieran dispuestos a renunciar a su protagonismo en favor de un bien mayor. Pero en Bolivia, la política sigue girando en torno a liderazgos personalistas que, más que aliados estratégicos, se perciben como adversarios entre sí.
Este fenómeno se puede analizar desde la perspectiva de Byung-Chul Han, quien, al estudiar la dialéctica cultural en Heidegger, señala que esta aparece ‘sin centro’, es decir, sin posibilidad de reconciliación. En el caso boliviano, la oposición enfrenta un dilema similar: la imposibilidad de articular una síntesis que una a sus diversas facciones y la condena a una dispersión perpetua. Más que un proceso de integración, la dinámica política actual parece profundizar las diferencias, consolidando una fragmentación insalvable.
El MAS ya no es hegemónico: crisis interna y lucha de facciones
El MAS, que por años ejerció un férreo control sobre la política boliviana, enfrenta ahora su mayor crisis interna. El partido, que alguna vez se caracterizó por su disciplina y «pensamiento único», ahora se divide en facciones que podrían ser irreconciliables. Evo Morales, líder indiscutible del pasado, ha pasado de ser el factor aglutinante a convertirse en el principal elemento de discordia dentro del movimiento.
Arce vs. Evo: ¿el MAS puede mantenerse unido?
La disputa entre el presidente Luis Arce y Evo Morales no solo pone en riesgo la unidad del MAS, sino que también podría generar una fuga de votos en dos direcciones: hacia la abstención o, en el peor de los casos para el oficialismo, hacia la oposición. Si las bases de apoyo masistas se fracturan lo suficiente, el MAS podría perder su histórica ventaja electoral y abrir una ventana de oportunidad para sus rivales.
¿Y ahora qué? El futuro incierto de Bolivia
Bolivia se encamina a un escenario inédito, donde tanto el oficialismo como la oposición enfrentan problemas estructurales que podrían redefinir el equilibrio de poder. Mientras el MAS lucha por mantener su cohesión interna, la oposición debe decidir si seguirá atrapada en su dinámica de confrontación personalista o si logrará articular una propuesta unificada con posibilidades reales de éxito.
El peso del escrutinio público será determinante en este proceso. La oposición deberá demostrar que puede ser más que una suma de egos en disputa. Y el MAS, que aún cuenta con una base sólida de votantes, deberá resolver su crisis interna antes de que esta lo lleve a la implosión política.
Bolivia se encuentra en un punto de inflexión. Lo que ocurra en los próximos meses no solo definirá las elecciones, sino el futuro político del país.
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