Las reformas estructurales deben basarse en principios de libertad individual, propiedad privada y libre mercado.
Fizuras – ¿Qué significa que un país esté en crisis, y de manera más específica, que un país como Bolivia esté en crisis?
Mauricio Ríos García – Un país está en crisis cuando enfrenta dificultades económicas severas, como alta inflación, desempleo masivo, y una caída en la producción y el consumo. Es un estado en el que las instituciones económicas y políticas fallan en proporcionar estabilidad y prosperidad a los ciudadanos. En el caso de Bolivia, una crisis podría manifestarse a través de una dependencia excesiva de ciertos recursos naturales, como el gas, lo que lo hace vulnerable a fluctuaciones en los precios internacionales. Además, podría haber problemas estructurales como corrupción, falta de inversión extranjera y políticas económicas que no fomentan la libre empresa y la innovación.
F.- ¿Es adecuado pensar que el futuro de la economía boliviana se encuentra en otro recurso natural que sustituya al gas, como el litio?
M. R. G. – El pensamiento de que la economía depende exclusivamente de recursos naturales es un error. La verdadera riqueza de una nación reside en la capacidad de sus individuos para actuar libremente en el mercado, innovar y emprender. La riqueza no proviene únicamente de los recursos naturales, sino de la libertad y las instituciones que permiten a las personas utilizar esos recursos de manera eficiente. Bolivia podría beneficiarse del litio, pero sin un entorno que fomente la libertad económica, la propiedad privada y el respeto a los contratos, cualquier recurso natural puede convertirse en una maldición en lugar de una bendición. Eso es a lo que se refería Alexis de Tocqueville cuando afirmó que «La riqueza de los países no depende de la fertilidad de su suelo, sino de la libertad de sus habitantes». De nada sirve que un país tenga abundantes recursos naturales si no sabe qué hacer con ellos.
F.- ¿Es posible un nuevo pacto social que permita reformas estructurales en Bolivia?
M. R. G. – El concepto de «pacto social» implica un acuerdo generalizado entre los miembros de la sociedad para establecer un marco de reglas y normas que guíen la interacción social y económica. Yo vería con mucho escepticismo esta idea si se implementa como una imposición desde arriba en lugar de un acuerdo emergente de las interacciones voluntarias de los individuos. Las reformas estructurales deben basarse en principios de libertad individual, propiedad privada y libre mercado, no en decretos centralizados que intenten controlar la economía.
F.- ¿Qué es el liberalismo y qué es la Escuela Austriaca?
M. R. G. – El liberalismo, en mi perspectiva, es la doctrina que aboga por la vida, las libertades individuales, los derechos individuales de propiedad privada y la búsqueda de la felicidad, es la limitación del poder del Estado. Yo la entiendo desde la perspectiva liberal iusnaturalista de los Padres Fundadores de los EEUU. La Escuela Austriaca de economía, fundada por Carl Menger, se centra en la importancia de la acción humana, la subjetividad del valor y la importancia de los procesos de mercado. Nos oponemos a la intervención estatal y defendemos la economía de mercado como el mejor sistema para coordinar las acciones humanas, convivir en sociedad y promover la prosperidad.
F.- ¿Milei es liberal? ¿Cuál cree que sea su mayor acierto y desacierto?
M. R. G. – Javier Milei se declara liberal y aboga por muchas de las políticas que yo defiendo, como la reducción del tamaño del Estado y la promoción del libre mercado. Sin embargo, su participación en la política práctica implica compromisos y estrategias que pueden alejarse de los principios puros del liberalismo. Su mayor acierto es popularizar ideas liberales en un contexto político hostil. Su mayor desacierto podría ser la implementación de políticas que, aunque bien intencionadas, no siempre respetan la gradualidad y el consenso necesarios en una democracia. No cabe ninguna duda que Milei es un liberal radical. Sin embargo, él siempre dejó caro que lanzarse a la política implicaba «pelear en el barro«. Es decir, Milei está jugando el juego (valga la redundancia) de la democracia liberal, no el de la anarquía. Otra cosa sería que se postule a un cargo público ondeando la bandera del anarquismo, avalando al mismo tiempo el carácter intrínsecamente violento. Milei marcó la diferencia entre aquello a todo lo que aspira como un anarquista, y lo que puede lograr con los instrumentos de una democracia liberal. Sin embargo, parafraseando a Milton Friedman, alguien que el propio Milei admira, las distintas políticas que Milei ha podido aplicar apenas en 6 meses deben ser medidas por sus resultados y no por sus intenciones, y al menos hasta el momento está alcanzando sus objetivos en tiempo récord, pero no puede hacerlo solo, tiene que jugar el juego de la democracia liberal y esperar las reformas estructurales que ha planteado al Legislativo, que tiene la última palabra para asuntos concretos que no tiene que ver apenas con los ajustes.
La verdadera riqueza de una nación reside en la capacidad de sus individuos para actuar libremente en el mercado, innovar y emprender.
F. – Una parte de la derecha tiene como referente a Bukele. ¿Se lo puede considerar de derecha?
M. R. G. – No se qué significa ser de derecha. No entiendo el concepto hasta hoy. Sé que tendría que ser el exacto opuesto de ser de izquierda. Solamente estoy seguro de que Bukele es un presidente inconstitucional, que cree profundamente en la fuerza del Estado, algo que no avalaría el liberal de ninguna vertiente, y además que sabe poco o nada de economía liberal (es más un tecnócrata), y que en varias ocasiones se ha declarado a sí mismo como un socialista. Lo mejor que sabe hacer Bukele es manejar la propaganda subversiva en redes sociales. Y por si acaso no he sido suficientemente claro, si Bukele no es liberal, da igual que sea de izquierda o de derecha. Tal vez lo segundo sea menos peor, pero habrá que preguntárselo a él mismo.
F. – ¿Existe realmente una batalla cultural?
M. R. G. – Tampoco entiendo el concepto de la batalla cultural. Tengo la impresión que de quienes han venido acuñando el término para referirse a la defensa de los derechos individuales de propiedad privada, suponen que es la cultura la que determina las libertades individuales, y no como es realmente, al revés, que lo que determina la cultura es la libertad. La verdadera batalla es contra el abuso del poder político, el sometimiento de unos sobre otros por medio de la fuerza.

Mauricio Ríos García es economista, autor de «La década perdida de Occidente: un manifiesto contra la Gran Recesión (Unión Editorial, Madrid, 2015)» e «Incautos: la enorme burbuja a la que indujeron a Bolivia y cómo salir de ella (2017)»; y se dedica al offshore wealth management como socio fundador y director de Crusoe Research.
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