Agustín Laje Arrigoni escribió el libro Generación Idiota: Una crítica al adolescentrismo (2023) editada por HarperCollins México. Agustín plantea que ya no existen diferencias entre generaciones. Los adultos, los niños y los adolescentes no se diferencian en nada más que la edad (y el poder adquisitivo), pues todos aparentemente tienen una pauta de comportamiento similar. La diferenciación etaria: Baby Boomers, X, Millenials y Z quedó en el pasado.
Más allá de la argumentación ideológica y de las posturas personales, Agustín hace un recorrido claro sobre el síntoma que padece nuestra sociedad. Un comportamiento ensimismado, un «Yo» narcisista. Se trata de un idiotismo impregnado en nuestro ser y que ahora empieza a recorrer las venas de los más jóvenes. La minoría de edad, así como la libertad e independencia que representaban al hombre adulto ceden frente al comportamiento adolescente.
El adolescente se ha convertido en el sujeto político que determina la forma y el contenido de nuestra sociedad «adolescente». Todo empieza a regirse bajo el la lógica: «Lo nuevo es bueno, lo viejo es malo». El pasado, la experiencia, lo externo, las tradiciones, los valores, los grandes relatos y la religión han dejado de tener importancia. Ahora los adolescentes marcan el ritmo.
Si el adolescente determina al conjunto social, entonces observamos como el consumo, la cultura, y las bases sociales se enmarcan en la homogeneidad. Se consume el mismo tipo de música «Bad Bunny«, moda, películas para todas las edades como «Barbie«, videojuegos, y un largo y viral etcétera. La diversidad que se predica en la sociedad adolescente es externa, no aporta un relato coherente, por lo que la identidad de las personas es indefinida, dejando un vacío existencial. La crisis de sentido ha generado un aumento en el consumo de drogas y alcohol, así como el estrés, ansiedad, depresión y el comportamiento violento.
Como es una mayoría guiada por las percepciones y deseos, se ha abandona la realidad por el simulacro. La lógica, verdad y el juicio honesto no significan nada. Por ello, presenciamos el nacimiento de la posverdad, acompañada del una espiral del silencio; en la cuál las personas no emiten sus opiniones (fundamentadas o no), por miedo a ser acallados o apartados de la sociedad. Estamos ante la presencia del hombre masa, que anticipaba Ortega y Gasset.

Marshall McLuhan propuso «el medio es el mensaje», importa la manera en la que se adquiere información. En el caso de la sociedad adolecerte, el medio predominante es el digital. Para el ámbito digital la realidad no es suficiente, sino se necesita un hiperrealidad, en la cual todo se captura por medio de códigos binarios. No solo se captura la vida, por la transparencia total, también buscan dirigirla. El mundo digital seduce por ser lúdico y espectacular, pero su apariencia esconde una intención de dominación, vigilancia y opresión. A esto se debe sumar que las máquinas van a reemplazar al hombre en su trabajo, por lo tanto se dedicarán al placer y al juego.
Entre los principales agentes de socialización se encontraba la familia. La familia era el gobierno de la edad, y la cadena de transmisión de la cultura, valores, política, tradiciones, además de la educación. Ahora estos roles los ocupan el Estado, la sociedad y los medios de comunicación. Ellos mismos imprimen, sobre los más jóvenes y no tan jóvenes, y construyen realidades y pautas de conducta enmarcadas en agendas e ideologías.
Sí la educación paso a manos del Estado, habrá que analizar si la misma es lo suficientemente potente para crear individuos reflexivos y críticos. Educar significa eliminar la necedad y sacar al individuo fuera de sí. Busca que el individuo sea libre, virtuoso, esforzado, trabajador, moral, justo, que tenga y cumpla sus obligaciones y deberes. Pero hoy parece todo lo contrario, solo se enseña la técnica para conseguir dinero y se busca exaltar los deseos o minar la identidad, por ejemplo, con la educación sexual. Laje propone que el individuo tenga una educación radical con la vuelta al libro.
Con todo lo expuesto, Agustín Laje observa que en la política de la sociedad adolescente los hombres están ensimismados por placeres y no consideran a los otros. Por lo tanto, serán sometidos al poder de lo absoluto; aunque bienintencionado, amable, que genera gozo, regala y tutela, pero que infantiliza y hace perder la autonomía de los hombres. Tiene el monopolio de la fuerza, absorbe muchas funciones, y concede deseos y necesidades por medio de derechos, pero adoctrina y embrutece.
Agustín Laje cree que los hombre seremos sometidos a un orden mundial de lo homogéneo, que juntan la psicopolítica con la biopolítica. Pero recalca que la rebeldía se volvió de derecha, la izquierda se ha visto en complicidad con el Estado porque cumple sus deseos, en cambio la derecha es inconforme porque se ha visto excluida. Plantea que a esta minoría le queda hacer frente a la potencia del estado ensimismado mediante una educación de biblioteca y la tradición familiar.
*La Revista Fizuras no adopta posiciones colectivas. Las publicaciones sólo representan las opiniones de sus autores individuales.
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