El 6 de agosto de 1945, se recuerda el estallido de la bomba atómica de Hiroshima y Nagasaki en Japón. Y unos días antes, el 16 de julio, se realizó exitosamente la primera prueba en Nuevo México, denominada Trinity. Desde entonces, se ha convertido un arma de disuasión de cualquier tipo de escalada militar. El reciente biopic «Oppenheimer» de Christopher Nolan retrata la vida del padre de la bomba atómica.
Julius Robert Oppenheimer nació en Nueva York el 22 de abril de 1904. Sus padres fueron inmigrantes judíos de origen alemán, que adquirieron su fortuna por medio de una empresa textil. Desde su adolescencia, Oppenheimer fue caracterizado por una personalidad enigmática, una salud precaria, una delgadez extrema, y tener síntomas depresivos. Sin embargo, se lo consideraba audaz, valiente e inteligente. Fue capaz de aprender neerlandés en meses. Realizó una estancia en Europa, aprendiendo en distintas universidad sobre física cuántica, que luego implantaría en EE. UU.
Estudios en Europa

Se graduó con summa cum laude de Harvard en 1925. Después, realizó una investigación en el Laboratorio Cavedish de la Universidad de Cambridge bajo la tutela del físico británico y Premio Nobel J. J. Thomson. Posteriormente fue transferido a la Universidad de Gotinga en Alemania, donde obtuvo su doctorado en física cuántica. Estudió con algunos físicos prominentes como Max Born y Niels Bohr. Además conoció a Werner Heisenberg, que tiempo después lideró el esfuerzo alemán para conseguir la bomba atómica.
En 1929, después de su regreso a Estados Unidos, aceptó una cátedra asistente en la Universidad de California, en Berkley. Convirtió a Berkley en una de las mejores escuelas en teoría física en territorio americano.
Proyecto Manhattan
En 1939, Albert Einstein y Leó Szilárd escribieron una carta al presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt alertando que los alemanas consiguieron un avance científico sobre la fisión del uranio, con ello podrían desarrollar la bomba atómica. Eso hubiese significado la victoria nazi en la guerra, acompañada de graves consecuencias geopolíticas.
Entonces, en 1942 nació el Proyecto Manhattan con el objetivo de crear la bomba atómica. El General Leslie Groves escogió a Oppenheimer como director del proyecto. Pese a que el gobierno norteamericano era escéptico sobre las conexiones de Oppie con el partido comunista, consideraron que su perfil era el adecuado. Los Alamos fue el lugar indicado para construir uno de los laboratorios secretos del proyecto, también fue el lugar que Oppenheimer eligió para que los científicos reclutados vivan con sus familias.
Con este grupo de científicos, ingenieros y físicos y con la dirección de Oppenheimer se logró desarrollar la bomba nuclear. Cabe destacar que había la posibilidad investigar y desarrollar la Bomba H o Bomba Termonuclear, que el científico Edward Teller propuso, sin embargo Oppenheimer la rechazó por las implicaciones que podría tener.
La elección de Oppenheimer como director del proyecto fue magistral. Si bien se cuestionaba su filiación política y el apoyo que dio a grupos comunistas, el no tenerlo en el proyecto era un gran riesgo. No podían dejar de lado a uno de los mejores científicos y tampoco que se vincule con los adversarios de Estados Unidos.
La vida después de la guerra
Oppenheimer era considerado como un héroe para la opinión pública. Pero cargaba con la culpa. Le dijo al presidente Truman: «Señor Presidente, siento que tengo mis manos manchadas de sangre».
Algún tiempo después, este científico había cometido uno de los errores que le costarían sus credenciales de seguridad; enfrentarse y poner en vergüenza a un político como Lewis Strauss. Este ideo un plan y movió sus fichas y aliados políticos en Washington, para convencer al gobierno de que Oppenheimer era un agente de la URSS.
El presidente Dwight D. Eisenhower le revocó las credenciales de seguridad de Oppenheimer, pero este apeló la decisión. Poco después fue sometido a una audiencia de seguridad durante un mes, donde se le cuestiono sus vínculos y asociaciones comunistas, sus opiniones sobre política nuclear estadounidense y sus transgresiones personales. La finalidad del tribunal se cumplió, se desacreditó a Oppenheimer, como persona y como físico.

Bird y Sherwin relatan en su libro “Prometeo americano: el triunfo y la tragedia de J. Robert Oppenheimer” una conversación entre Einstein y Oppenheimer:
Einstein le dijo que «no tenía la obligación de someterse a la caza de brujas, pues había servido bien a su país”, y que “si este era el premio que le ofrecía Estados Unidos, debería darle la espalda».
Sin embargo, Oppenheimer señalaba que “amaba Estados Unidos” y que tal amor “era tan profundo como su amor por la ciencia”.
Después de un rato, Oppenheimer declararía que “Einstein no entiende”.
Einstein le dijo a su secretaria, señalando a Oppenheimer: «Ahí va un narr (tonto en alemán)».
Un año antes de su fallecimiento (1967), Oppenheimer recibió el Premio Enrico Fermi en 1966, en su discurso de aceptación hizo referencia a las odas «espíritu fraternal de la ciencia» del expresidente Thomas Jefferson.
Conclusiones
La bomba atómica produjo grandes perdidas humanas, pero también perdura como un dolor intenso, puesto que aquello que se inició con Oppenheimer difícilmente terminará con él. Sin embargo, la fabricación y utilización de la bomba atómica siempre fue un suceso inevitable. Si Oppenheimer no desarrollaba este artefacto, lo hubiera desarrollado cualquier otro científico, posiblemente bajo condiciones mas oscuras y fuera de cualquier marco de rendición de cuentas. Al menos, tenemos conocimiento de esta información verídica.
Por otro lado, es necesario interpretar que cualquier avance tecnológico y científico debe considerarse como un artefacto, pero es el hombre con poder que determina su finalidad. Esta fue la vida de Oppenheimer, creador de una de las armas más letales del mundo, pero también pero también sacó de los telones de fondo a los hombres sedientos de poder.
Después del éxito de la prueba Trinity, Oppenheimer recitó una línea del texto hindú Bhagavad Gita: «Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos»
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