Me gustaría empezar este texto dedicando los mejores elogios a la patria que nos acoge. Seguramente admiraría sus bellos paisajes, su inmensa riqueza, las mejores comidas y la amabilidad de su gente. Pero hoy no puedo hacerlo.
Me sobrecoge un cierto tipo de pesadez que me impide retratar con precisión el amor que tengo por esta nación. Me incomoda grandemente la injusticia, la corrupción, la confrontación, la falta de educación, la división de pares, la parcialización de las instituciones públicas, la falta de sentido común, el daño al medioambiente, entre otras cosas.
Sin embargo, no creo que todo eso pueda opacar y detener el deseo ferviente, que tenemos muchos bolivianos, para cambiar nuestra realidad. De querer un mejor mañana para Bolivia, y que gane un espacio a nivel internacional.
Es fácil verse desmotivado por la compleja realidad que atraviesa esta nación, pero creo que es tiempo cambiar, y podemos hacerlo. No con posturas ideológicas y partidistas, mucho peor con cuestiones electorales. El tema de fondo es que cada boliviano trabaje arduamente en un mejor mañana. En el metro cuadrado que cada uno ocupaba, se puede generar el cambio que queremos ver en el resto del país.
Amo a Bolivia y anhelo fervientemente que prospere en todos los ámbitos. Por ello me comprometo a luchar por esos principios que la harán mejor.
¡Feliz 198 años, Bolivia!
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