Toda la geopolítica mundial se ha estructurado en el marco de determinados actores, muy particulares, que detentan el monopolio de las relaciones internacionales, política global y el accionar geopolítico. Esta lógica responde a patrones de conquista, dominación, coloniaje, neocoloniaje y neoliberalismo. En momentos de reconfiguración política, económica y social como los que estamos viviendo en Latinoamérica y en todo el sistema mundo[1] estos actores evidencian limitaciones. A la vez, surgen temas de importante repercusión para repensar estrategias geopolíticas que reconfiguren la composición mundial.
El presente artículo abarcará la geoestrategia de dominación, pero fundamentalmente, la geoestrategia de liberación. Dos elementos que evidentemente reconfiguran de forma trasversal y cualitativa todas las lógicas geopolíticas. Al mismo tiempo, vislumbran estrategias concebidas desde este lado del planeta, estrategias desde el sur del mundo; donde, sin ninguna duda, Bolivia es un bastión fundamental generando nuevos paradigmas civilizatorios que se adscriben a una construcción postneoliberal.
Incorporo en el presente articulo un elemento poco teorizado, la Diplomacia de los Pueblos, practicada por nuestro país, que se enmarca dentro de la geopolítica de los movimientos sociales reconfigurando todos los elementos clásicos de la diplomacia e incorporando también nuevos actores en el ejercicio y participación de las políticas internacionales, los movimientos sociales contrapuestos a los sujetos clásicos y oficiales del derecho internacional público. La Diplomacia de los Pueblos se constituye como la geoestrategia más clara y efectiva para la liberación de nuestros pueblos a través de su interrelacionamiento y articulación como un bloque de decisión en las políticas internacionales de sus propios Estados, terceros Estados y Organismos Internacionales.
Toda la construcción neoliberal planteó para los pueblos del sur del mundo diversas estrategias de dominación imperial, concibiendo lo que estudiamos como la geoestrategia de dominación, que es transversal. Abarcando la esfera económica, financiera, política ecológica, cultural, etc. Como parte de estas estrategias de dominación, refiero: «El Mapa Móvil de la Neoliberalización«[2] que nos describe el profesor David Harvey en su libro «Breve Historia del Neoliberalismo”, insumo que ayuda a comprender las lógicas neoliberales actuales de dominación.
Por otro lado, y desde un análisis regional la importancia de América Latina para Estados Unidos es indudablemente esencial. Es así, que el profesor Atilio Borón desarrolla la estrategia de dominación imperial en su libro «América Latina en la Geopolítica del Imperialismo», a ser analizado en el desarrollo de este artículo a partir de las siguientes preguntas:
¿Desde realidades neoliberales que pretenden ser superadas, podremos plantearnos alternativas reales contra la dominación imperial?
¿Implicará el postneoliberalismo la generación de geoestrategias de liberación, cuáles?
¿Qué rol juegan los movimientos sociales y la Diplomacia de los Pueblos en la Geopolítica de Liberación?
Este artículo responderá a esas interrogantes, contextualizando el modelo neoliberal y su rol en la actualidad. Esbozará un contexto postneoliberal que indudablemente genera perspectivas geoestratégicas de liberación. Y teorizará la Diplomacia de los Pueblos como elemento clave en la geopolítica de los movimientos sociales.
Comprender claramente lo que es el neoliberalismo es el punto de partida para los análisis geopolíticos específicos tendientes a superar este modelo. David Harvey lo define como la teoría política-económica tendiente a la promoción empresarial privada, la desregularización económica estatal y el abandono de las políticas sociales públicas a ser reemplazadas por iniciativas de carácter privado mercantil.
El neoliberalismo implica reducir al Estado a un mero gendarme y promotor del «libre mercado», extirpándole paulatinamente su condición natural de actor principal de desarrollo. Paradigmáticamente la historia nos demuestra que las políticas neoliberales nunca pudieron implementarse en tiempos democráticos normales. Las políticas neoliberales requirieron de acontecimientos sociales de shock y crisis. Así lo explica Milton Friedman en su libro: Capitalism and Freedom, sosteniendo que «sólo una crisis (real o percibida) da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable»[3]
Este sistema neoliberal de caos genera su propia geoestrategia de dominación a la cual el profesor Atilio Borón la denomina: Geopolítica del Imperialismo[4]. En su trabajo realiza una apreciación importantísima de las implicancias actuales del imperialismo. Sostiene la idea que la dominación imperial si bien se sustenta en el poderío militar que logra amedrentar a los gobiernos divergentes del pensamiento neoliberal, también esta forma de dominación es transversal ya que busca repercutir en esferas económicas, políticas, culturales, y continuar con el saqueo sostenido de Latinoamérica que no deja de ser el continente de mayor biodiversidad del mundo. El imperialismo agresivo con todas las bases militares que ostenta en nuestro continente también goza de construcciones legales que garantizan su labor represiva y control panóptico de todos los ciudadanos de lo que ellos denominan «La gran Isla Americana»[5].
El profesor Borón sostiene que el imperialismo actual tiene como su centro indiscutido a Estados Unidos, con cinco oligopolios que son: la tecnología; el control de los mercados financieros mundiales; el acceso a los recursos naturales del planeta; el control de los medios de comunicación y el de las armas de destrucción masiva. Dialogando con el profesor Borón se puede criticar o al menos analizar con otra perspectiva, estos cinco «oligopolios» que en mi opinión se encuentran en constante disputa por la multipolaridad global. La tecnología se diversifica y democratiza cada vez más, va tomándose imposible de detentarla con exclusividad como herramienta de dominación geopolítica.
Se podría hablar entonces de un primer pilar para construir geoestrategias de liberación, sobre este tema Louca Lerch desarrolló un interesante trabajo[6] sobre los mercados financieros.
Otro análisis, desde la esfera económica, del profesor Oscar Ugarteche, de alguna forma refuerza la tesis del profesor Borón en el entendido que lo único verdaderamente fuerte como estrategia geofinanciera de dominación que le queda a Estados Unidos es la bolsa de Wall Streat que viene reconfigurándose con cada crisis[7].
Sobre los recursos naturales del planeta en este eje es donde la región se consolida como potencia. Y Bolivia en particular con una geoestrategia biocéntrica rompiendo con el clásico mercantilismo de las materias primas y los recursos naturales. Al quebrar con el antropocentrismo logramos repensar todas nuestras riquezas como recursos estratégicos en nuestra política económica-social interna y en nuestra política internacional. Desde Bolivia, dejamos de proyectar nuestras reservas de agua dulce, nuestras reservas de minerales y nuestra reserva de litio (la más grande del mundo); como meros elementos mercantiles.
Estos recursos se convierten en posibilidades para generar estrategias no solo para nuestro desarrollo, sino, a la vez, posibilidades que generen ventajas al momento de la concreción de nuestros objetivos de la política internacional del país, su posicionamiento regional y global, impulsando una geoestrategia de liberación desde el cambio de la matriz energética de los combustibles fósiles a la nueva era tecnológica del litio.
En otro ámbito, el planteamiento de Bolivia para el mundo se contrapone a lógicas capitalistas en la ecología como los Bonos de Carbono que no son más que la mercantilización del «derecho a contaminar». Bolivia plantea al mundo los fondos de reparación y compensación al medio ambiente, que consisten en gran- des sumas de dinero e inversión tecnológica por parte de los países industrializados para que no solamente paguen monetariamente por el daño ecológico causado, sino que lo reparen y compensen invirtiendo en tecnologías limpias en sus propios territorios y fuera de ellos.
La crisis ambiental, es una de las muchas crisis generadas por el sistema capitalista en la cual los responsables directos son los países altamente industrializados, altamente contaminantes que deben ser sancionados y conminados a compensaciones reales y efectivas. Como el continente con mayor biodiversidad del planeta debemos plantearnos mecanismos regionales para evitar la biopiratería de grandes transnacionales de la industria cosmética y farmacéutica que mercantilizan los saberes ancestrales de nuestra Amazonía con el registro de patentes apropiándose de la tecnología de nuestro continente y despojándonos, de esa forma, de nuestros saberes ancestrales[8].
Si de geoestrategia hablamos, los medios de comunicación son un pilar fundamental para informar, des-informar y generar un sentido común global, regional y estatal. Los medios de comunicación escogen deliberadamente que parte de la verdad de una noticia contar. Al igual que los políticos, los medios de comunicación son constructores del sentido común, ahí radica su importancia[9]. El neoliberalismo a través de los grandes emporios mediáticos se encargó de generar las verdades que les convenía contar y resaltar, ocultando muchas otras. En el mundo globalizado o en vías de desglobalización[10] como argumenta el profesor Alfredo Jalife. Todo lo que no se comunica en realidad nunca pasó.

Cerrando con el análisis de los “oligopolios” del imperialismo plantados por el profesor Borón podemos evidenciar que el poder militar de Estados Unidos y la detentación de la mayor cantidad de ojivas nucleares mantiene su hegemonía bélica, seguida muy de cerca por Rusia y también China. La dominación de espectro completo fue confrontada por todos los procesos democráticos antiimperialistas que expulsan a la «cooperación» norteamericana junto a sus bases militares. Situación que evidencia el claro desprecio imperial por los procesos de la revolución bolivariana principalmente, la revolución ciudadana de Ecuador y la revolución democrática y cultural de Bolivia de coincidencia constante es su política antiimperialista. Así se desnuda la geoestratégia de dominación imperial que gesta estrategias de «Seguridad Nacional». Para Estados Unidos los asuntos de Latinoamérica no son política exterior, son política interna[11].
Después de entender las geoestrategias de dominación imperial. Toca desarrollar alternativas postneoliberales, geoestrategias de liberación. Tomando en cuenta lo que Antonio Rodríguez-Carmona define como la «ruptura del cordón umbilical con Estados Unidos», el estrechamiento de las relaciones con América Latina y el cambio de relación con las trasnacionales[12]
Bolivia, sin ninguna duda, plantea para la región una esperanza ideológica, económica, social, política y cultural con construcciones paradigmáticas novedosas que si bien se desarrollan y piensan desde la particularidad del universo sociopolítico boliviano no olvidan la construcción comunitaria global.
Bolivia, perdida y ninguneada en el mapa mundial; su bandera confundida con la de algún país africano por sus colores: rojo, amarillo y verde; inspiración para canciones tan catastróficas y melancólicas como «Lamento Boliviano» del grupo argentino Enanitos Verdes; vendida y explotada; rifada a los emporios transnacionales; caótica y desquiciada, pobre e inculta; tal cual la presentaban en alguno de sus fragmentos las más célebres y taquilleras películas hollywoodenses. Siempre fue víctima de los mezquinos intereses geoestratégicos mundiales, no es casualidad que la ideología más constante y latente en todos los procesos de emancipación (hoy pilar ideológico del MAS- IPSP) sea el antiimperialismo.
La construcción cultural occidental demarcaba a Bolivia en la descripción anteriormente mencionada, poco se analizaba sobre la estrategia de dominación imperial que desde lo cultural contenía un trasfondo sumamente poderoso y efectivo para legitimar nuestra inferioridad. Nos querían callados y nos mantenían silenciados.
La geoestrategia de liberación no solamente plantea alternativas políticas que son social y económicamente comprobables en su eficiencia, sino que plantea una alternativa civilizatoria real, que se impone en el mundo como la mejor geoestrategia anti hegemónica. Desde el estudio de politólogos, antropólogos, geoestrategas, economistas, sociólogos, grupos de resistencia, se deben proyectar alternativas políticas electorales de construcción postneoliberal, de la mano de movimientos sociales, grupos étnicos y la lista es interminable. Se debe estudiar Bolivia en todas sus estructuras y sus nuevos paradigmas.
Los valores ético morales ancestrales: ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso, ni seas ladrón) son reconocidos en la ONU como modelos para una gestión transparente. En contraposición a los modelos inmorales capitalistas tales como: trabajar menos y mejor, no trabajar constituye verdadero éxito, mentir para obtener siempre lo que quieras, robar de frente explotando al otro, y vivir del trabajo del otro.
En oposición a la mercantilización de los recursos básicos e indispensables para la vida desde Bolivia se planteó también en la ONU, el derecho al acceso al agua como un derecho humano fundamental, resolución aprobada en Asamblea General.
La construcción de un Estado que reconoce la plurinacionalidad desmonta las concepciones clásicas de la Teoría del Estado. La plurinacionalidad que contiene diversos grupos étnicos en un solo Estado unitario garantizando su libre determinación en el marco de la unidad del Estado, su autogobierno, su cultura, sus instituciones es estudiada por diversos grupos étnicos en el mundo amenazados por la práctica de aquella obsoleta definición de Estado homogéneo. Como ejemplo, la plurinacionalidad boliviana es estudiada por el pueblo Kurdo en la actualidad.
El modelo de desarrollo boliviano concibe a Pachamama (Madre Tierra) como un sujeto de derechos, apartándose de la visión clásica del derecho romano totalmente antropocéntrico. Tenemos el derecho a extraer y explotar nuestros recursos naturales, pero en armonía con la Pachamama, nuestros pueblos indígenas no son los guardabosques de nadie, quieren y tienen que desarrollarse, pero con respeto a la vida y la ecología, la vida no es sólo el hombre.
Nuestro mismo modelo de democracia de construcción postneoliberal, es una democracia plebeya, que superó con guerras y sangre aquella democracia de «alternancia» que no era más que la repartija y el cuoteo político de una misma clase política podrida que era esencialmente antipopular.
Todo lo expuesto precedentemente y el desarrollo de estos nuevos paradigmas civilizatorios constituyen el «Vivir Bien» como un nuevo modelo social comunitario global, que se contrapone al caótico «vivir mejor» o «american way of life» planteado desde la sociedad capitalista y sus construcciones culturales.
En Bolivia, conscientes de las geoestrategias de dominación, se desarrollaron paradigmas civilizatorios de construcción postneoliberal. Estos nuevos paradigmas se constituyen como una geoestrategia coherente de liberación. Y como paradigma geopolítico de los movimientos sociales la Diplomacia de los Pueblos es nuestra mejor arma. Se entiende este nuevo paradigma denominado Diplomacia de los Pueblos como la democratización de las políticas internacionales mundiales para todos los pueblos del mundo, para todos los actores sociales.
La diplomacia de los Pueblos se distingue de la diplomacia oficial tradicional por aspectos específicos tales como los sujetos que la desarrollan, ya que la diplomacia oficial solo puede ser ejercida por los sujetos diplomáticos oficiales. O sea, presidente, ministro de relaciones exteriores y ministros plenipotenciarios; siendo la misma restrictiva y negando participación en la política internacional del Estado a las mayorías nacionales de gran relevancia social que se expresan a través de las organizaciones sociales.
Desde la Diplomacia de los Pueblos se genera la interrelación internacional entre movimientos sociales de uno y otro país, o varios países a través de las manifestaciones sociales masivas presionando, interpelando el accionar en la política internacional de un gobierno, varios gobiernos, propios o ajenos, e incluso a organismos internacionales ejerciendo presión y/o rechazando las políticas internacionales degeneradas por el neoliberalismo e imperialismo mundiales.
La diplomacia de los pueblos se constituye entonces como el instrumento fundamental que tienen los Estados a través de sus Organizaciones Sociales (agentes no oficiales de la diplomacia) para ejercer presión hacia otros Estados u organismos internacionales con el objetivo de proyectar, persuadir y consolidar las justas reivindicaciones históricas y sociales de los pueblos del mundo obligando así a la consolidación de los actos diplomáticos oficiales.
Entonces la Diplomacia de los Pueblos se instituye como garante e instrumento de control social de la propia diplomacia oficial al expresar la voluntad del pueblo a través de las organizaciones sociales nacionales e internacionales que se involucran en las políticas sociales internacionales de sus Estados o las denuncian de ser estas políticas imperialistas, neocolonialistas, si atentan contra la naturaleza, el medio ambiente, si violan los derechos humanos en cualquier parte del mundo. El clamor de los pueblos del mundo es el espíritu del ejercicio de la Diplomacia de los Pueblos como instrumento geoestratégico importantísimo en la nueva política internacional.
[1] La categoría: Sistema mundo de Inmanuel Wallerstein, trabajada también por Giovanni Arrigui entre otros connotados profesores, denominados “postmarxistas”, parte del trabajo de Lenin: El Imperialismo, como fase superior del Imperialismo.
[2][2] David Harvey. “Breve Historia del Neoliberalismo”. (2007). Págs. 95-106.
[3] Revisar también a Naomi Klein. “La Doctrina del Shock”. (2007).
[4] Atilio Borón. “America Latina en la geopolítica del imperialismo”. (2012).
[5] Para la geopolítica norteamericana “La gran isla americana” comprende Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, como el espacio vital y su control una cuestión de seguridad interna de Estados Unidos.
[6] Louca Lerch es doctor en geografía de la Universidad de Ginebra. Impulsa el portal www.geo.gob.bo. El trabajo que refiero se denomina: Mapeas o te mapean: Geopolítica de un instrumento de gobierno en Bolivia.
[7] Revisar a Jhon Ravenhill. “Global Political Economy”. (2005)
[8] La profesora Mónica Bruckmann en su libro “Recursos Naturales y la geopolítica de la integración sudamericana” (2011) realiza un análisis de la importancia geoestratégica de los recursos naturales y su aprovechamiento por los países sudamericanos para conformar un bloque internacional fuerte de resistencia a las políticas capitalistas de rapiña y saqueo sistemático de nuestros recursos naturales.
[9] Álvaro García Linera. “¿Existe objetividad en los medios de comunicación?”. (2015).
[10] Alfredo Jalife. “Hacia la Desglobalización”. (2007).
[11] Revisar los informes del Instituto de Geología de Estados Unidos y también sus Informes de Seguridad Nacional.
[12] Antonio Rodríguez-Carmona. “Rompiendo con el proyectorado”. (2009). Págs. 20-24.

Abogado titulado de la Universidad Mayor de San Andrés, mención en Derecho Internacional. Especializado en Geopolítica por la Unidad de Postgrado de la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM. Posgrado en comunicación estratégica y gestión de la comunicación por el IpiCOM UMSA. Brinda análisis internacionales en RT, Hispan TV y teleSUR. Director del Centro de Estudios Geopolíticos CENAC Bolivia. Docente universitario.
Autor de los libros:
– Poemas para la liberación de la mujer
– ¿Qué es Diplomacia de los Pueblos?
– Comunicación política desde el Sur
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