Repensar la política y sus diferentes escenarios desde la modernidad de los hechos históricos recientes conlleva necesariamente a reflexionar sobre nuevos actores políticos; no como sujetos individuales, sino como perfiles de cuadros políticos generados precisamente por la bonanza económica boliviana, sujetos políticos colectivos, digamos la evolución (manteniendo su naturaleza e identidad) del sujeto histórico indígena originario campesino. Esta novedad política no se entiende única y exclusivamente por las condiciones socio económicas generadas por la administración del MAS-IPSP. Nadie podría negar que con el MAS en gobierno el país se ha transformado y democratizado en el acceso para el ejercicio del poder de mayorías en otros tiempos excluidas o simplemente instrumentalizadas por los partidos políticos tradicionales convencionales.
Estas re configuraciones se vuelven tangibles, notorias y relevantes a partir de la crisis política del 2019 (ruptura forzada del orden constitucional vigente). Entonces se tienen dos componentes de estos sujetos históricos políticos modernos: El primer componente su vivencia y acumulación de relevancia a partir del 2006 con el MAS. Y el segundo componente las propias condiciones del 2019 que forzaron al protagonismo político contestario frente a un gobierno ilegal, inconstitucional e ilegitimo como el de Añez y sus nefastos once meses de represión y corrupción, De esta forma, mediante la reacción – acción ante ese momento vivido se generaron nuevas acumulaciones de capital político por parte de esos nuevos actores antes en la periferia del círculo rojo del MAS.
Noviembre del año 2019 representó el mes de la ruptura del orden constitucional vigente. Se hizo del poder la fracción de la derecha boliviana más recalcitrante y antidemocrática. Para analizar esa dramática situación de la democracia boliviana nos debemos retrotraer en la historia hasta el año 2016. Se convocaba a referéndum para dirimir la posible re postulación de Evo Morales y Álvaro García Linera; tras una campaña mediática agresiva y muy bien articulada con la novedad de la incorporación en la disputa política electoral de las fake news (noticias falsas), medias verdades y el periodismo mercenario articulado en un cártel de la mentira; el Movimiento Al Socialismo fue derrotado en las urnas por un estrecho margen y únicamente en las ciudades capitales de departamentos. Aquel acontecimiento también hizo resurgir de las cenizas al movimiento conservador boliviano que se creía extinto y derrotado tras las jornadas violentas del 2006, 2008 y 2009.
Al respecto, tres elementos se deben analizar a profundidad:
- Aquel entonces, 2016, el gobierno y sus estrategas verdaderamente creían que la vía del referéndum era la más indicada para continuar con la comandancia y sub comandancia del Proceso de Cambio tras 14 años. Se erró en el momento ya que el binomio ganador el 2014 aún tenía mandato constitucional hasta el 2019. Más tarde, tras perder el referéndum en las condiciones antes señaladas se insistió con una interpretación legal por parte del Tribunal Constitucional Plurinacional del bloque de convencionalidad (Tratados y Convenios Internacionales en materia de Derechos Humanos suscritos y ratificados por el Estado boliviano mismos que gozan de aplicación preferente). Interpretando el ejercicio de derechos políticos como derechos humanos. Ese tecnicismo jurídico permitió una nueva re postulación del binomio, es decir, aseguro la legalidad, sin preocuparse por la legitimidad. La solución no pensada, mejor dicho, no aplicada aquel entonces hubiera sido la de aceptar la derrota en el referéndum y presentar otro binomio. Re articular a las organizaciones sociales que habían quedado desplazadas y remplazadas por personeros burocráticos gubernamentales (ministros). Las condiciones estaban dadas para preparar una transición ordenada incorporando también alternancias urbanas y recambios generacionales; todo dentro del propio MAS-IPSP, situación que en ese entonces no se dio.
- El Movimiento Al Socialismo siempre tuvo detractores financiados y organizados de distinta clase. Unos más radicales, conservadores, racistas y clasistas que anhelaban la vuelta a la Republica de sus privilegios de castas y otros opositores que se presentaban como “democráticos” social-demócratas, conciliadores, etc. A partir del 2016 tras el referéndum esas diferentes oposiciones al MAS que buscaban diferenciarse unas de otras llegan a juntarse y unificarse. Los violentos separatistas de la llamada “Media Luna” del 2006, 2008 y 2009 que se opusieron desde el momento inicial a todo el proceso constituyente y por ende al nuevo texto constitucional fueron la vanguardia de toda la articulación opositora al MAS tras el referéndum del 2016, curiosa y paradójicamente enarbolando como principal argumento “violaciones constitucionales” Tuvieron 3 años para articularse, organizarse, construir su narrativa épica revestida de heroísmo, reconocerse a sí mismas como los actores de la única solución final para terminar con la construcción plurinacional, consensuar la vía violenta del Golpe de Estado; para finalmente concretar su hazaña de manera unificada.
- El Movimiento Al Socialismo que nació a la vida política como una fuerza eminentemente campesina con un sujeto histórico y político: el indígena originario campesino. No se preocupó, sino hasta el año 2016, tras el referéndum, de la importancia y protagonismo que había adquirido en términos de capital político y electoral el sector urbano por sobre el área rural. Desde el MAS no se construyeron cuadros políticos concordantes con el propio proceso económico y político que se estaba impulsando en Bolivia. Ese sujeto histórico y político indígena originario campesino no se había mantenido inmutable en el tiempo (estático), había tenido diversos procesos de movilidad social, ascenso económico, mayor poder adquisitivo, migración del área rural al área urbana; ya era un sujeto indígena contemporáneo urbano sumamente incomprendido por el propio MAS que lo había generado. Y peor aún, poco representado ya que estaba subsumido y relegado aún por el mundo campesino y de las organizaciones sociales en lo que respecta a representación política. No era casualidad que esa naciente nueva bolivianidad indígena urbana, además eminentemente joven no se sintiera representada ni identificada con las figuras políticas que venían de las luchas campesinas y de las organizaciones sociales. Ya que las realidades temporales eran otras, el MAS ya no estaba en el campo de batalla político ni simbólico, peor identitario de los años 90s o 2000. El siglo XXI incomprendido por el MAS con sus nuevos actores indígenas contemporáneos urbanos fue su talón de Aquiles.
Esas tres condiciones gestaron el caldo de cultivo para el Golpe de Estado en noviembre del año 2019. Previamente a la realización de las elecciones de ese año ya se generaba una narrativa desde los medios hegemónicos de comunicación de un posible y eventual “fraude electoral”. Esas oposiciones unificadas sabían que en las urnas no podían ganarle al MAS, que sus propuestas eran de critica a rajatabla, pero no de visión o plan de país alternativo al que estaba desarrollando el gobierno. Es decir, eran muy buenas en su rol de oponerse por oponerse a absolutamente todo, pero a la hora de idear caminos políticos, económicos, ideológicos y sociales alternativos a los modelos del MAS se quedaban únicamente en la retórica y en la nebulosa. Esa característica era sabida y percibida por toda la población boliviana en su conjunto.
Entonces, esas oposiciones unificadas debían aprovechar las condiciones de efervescencia social, de malestar, de descontento, de odio hacia el MAS que se habían cultivado mucho antes (3 años antes con más fuerza) y por fin explotado tras la excusa política de la pausa en el sistema TREP y la injerencia maliciosa de la OEA con su informe preliminar, todo muy bien articulado y gestionado. Es así, que teniendo la muchedumbre engañada a su favor, por la vía ilegal, inconstitucional y violenta forzaron la renuncia de todo el nivel ejecutivo del gobierno. Lo consiguieron vía quemas de los Tribunales Electorales Departamentales, secuestros y amedrentamientos a familiares de ministros, de autoridades legislativas en la línea de sucesión presidencial, destrozo y quema de sus viviendas y las viviendas de sus familiares, violencia legitimada por la inacción policial, amenazas de muerte con un patrón sistemático y operativo propio de la inteligencia policial o militar, etc.
Pero, únicamente hasta ahí llegaba su plan. Tras alcanzarlo se preguntaron recién el devenir del país. Esas decisiones posteriores a la renuncia de Evo Morales fueron tomadas por los mismos actores políticos opositores de siempre (Carlos Mesa, Samuel Doria Medina, Jorge Quiroga Ramírez) y algunos nuevos (Luis Fernando Camacho, Marco Pumari, Williams Kaliman, Yuri Calderón, Eduardo León, Luis Larrea, Waldo Albarracín, Luis Revilla, Luis Almagro). Dispensaron de los ciudadanos engañados, en su mayoría jóvenes denominados “pititas”. Y con la policía amotinada, el alto mando militar de su lado, la COB rendida se inventaron una supuesta “sucesión constitucional” para poner a su marioneta (Jeanine Añez) por 11 meses a cargo del poder y del país.
Los genocidios de Sacaba y Senkata mas todo el daño económico al Estado con los innumerables casos de corrupción durante el régimen de Añez forjaron nuevos sujetos políticos que se ganaron su lugar con absoluta legitimidad denunciando y combatiendo frontalmente, y desde dentro del país, todo lo que acontecía durante esos nefastos once meses. Esos nuevos sujetos políticos: los indígenas contemporáneos urbanos encontraron en esos momentos de dificultad, violencia, asesinatos, llanto, persecución y luto la relevancia y el protagonismo en su lucha frontal contra el régimen. Es en los momentos de real dificultad cuando verdaderamente se conoce y reconoce el compromiso de la gente con las causas e ideales que dicen profesar. Dos regiones geográficas de nuestro país fueron los principales baluartes de resistencia contra el régimen totalitario y el estado policial impuesto: El Alto y El Trópico de Cochabamba. Regiones reconocidas por su organicidad e historia combativa contra los gobiernos totalitarios y represivos.
No se puede entender la historia política reciente de nuestro país si no se estudia a cabalidad la importancia para la recuperación de la democracia de El Alto y del Trópico de Cochabamba. No es una casualidad que Andrónico Rodríguez haya presidido la Cámara de Senadores, Freddy Mamani la Cámara de Diputados, Gualberto Arispe la Jefatura de Bancada Nacional en diputados y Leonardo Loza en senadores.
En el caso de Gualberto Arispe Maita, nació el 25 julio de 1988 (34 años) en la comunidad de Mizque Pampa, provincia Mizque del Departamento de Cochabamba. Cuando tenía un año de edad su familia emigró a la zona del Trópico de Cochabamba. Su madre Victoria Maita Mairana y su padre Teodoro Arispe Jiménez, se dedicaron al cultivo de la hoja de coca y ambos asumieron cargos dirigenciales en el Sindicato 24 de julio. Gualberto fue Secretario de Organización de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (C.S.U.T.C.B.), Ejecutivo de Juventudes de las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba, Secretario de Comunicación, Vocero, y Presidente Nacional de Juventudes del Movimiento al Socialismo MAS-IPSP. Fue electo por la Circunscripción 24 del Trópico de Cochabamba con el 97,76% de votos constituyéndose en el diputado uninominal con mayor votación de toda la historia del Estado Republicano y del Estado Plurinacional de Bolivia. Fue Jefe de la Bancada MAS-IPSP Cochabamba y Jefe de la Bancada Nacional del MAS-IPSP en la Cámara de Diputados.
Su historia, como la de muchos otros hermanos y hermanas que militan en las filas del Movimiento Al Socialismo, es una historia de constante superación y liderazgo. No es fácil ser migrante y consolidarse como representante de una región que no es de nacimiento la tuya. Como suele mencionarse coloquialmente: nadie es profeta en su propia tierra.
Esta ejemplificación particular sirve para seguir analizando la composición del MAS en su segunda etapa de transformación, en la segunda parte de la Revolución Democrática y Cultural. Por la violencia sacaron al MAS del poder, y con violencia quemaron la wiphala, símbolo de los pueblos libres del Abya Yala, pero democráticamente fiel a su postulado de revolución democrática el MAS volvió al gobierno y al poder.
En el ámbito de la revolución cultural es donde se falló. Cultura no es organizar conciertos o promocionar el rally Dakar. El ámbito cultural, central en las superestructuras de toda sociedad tiene que ver con los saberes, con la mente, con los sentimientos, con el corazón, con el campo ideológico, de prácticas sociales y culturales, de razonamientos, de educación y valores educativos, de descolonización entendida en ese cambio del chip mental colonial hacia el posicionamiento meditado y entendido de un sentido común plural, plurinacional.
Lo simbólico es esencial en política. No puedes decir representar una cosa y mostrar o demostrar otra. El 2019 desde el plano simbólico se libró una colosal batalla. Jeanine Añez y quienes la pusieron en el poder patrocinaron la división desde el campo de los símbolos; confrontando a las y los bolivianos de forma premeditada. Impusieron la simbología de la biblia por sobre los valores y saberes ancestrales de nuestros pueblos originarios y por sobre el sentido del Estado laico que es Bolivia, donde constitucionalmente (artículo 4 de la CPE) se respetan y garantizan todas las practicas religiosas y de las cosmovisiones en igualdad de condiciones.
El régimen también impuso en esa batalla de los símbolos al Palacio Quemado, estructura simbólica del viejo Estado Republicano clasista y racista, por sobre la Casa Grande del Pueblo que es el símbolo arquitectónico del nuevo Estado Plurinacional. Con los símbolos patrios, nuestras banderas, siguieron la misma hermenéutica. Confrontaron la tricolor nacional con la bandera wiphala, cuando ambas son reconocidas constitucionalmente y con la misma jerarquía (parágrafo II, articulo 6 de la CPE). Quemando la wiphala le declararon la guerra a toda la Bolivia indígena, a toda la Bolivia india, a las grandes mayorías del país. Y firmaron con ese hecho su sentencia de muerte civil y política.
Ya posicionados muchos de los nuevos sujetos históricos políticos modernos que recuperaron la democracia a través de diferentes trincheras de lucha contra el régimen de Añez, cabe enfocar los esfuerzos para analizar y combatir la nueva narrativa opositora que busca replicar lo acontecido el 2019 y que se alimenta de confrontaciones al interior de la hegemonía política masista.
Analizando la estrategia discursiva fascista de ciertos actores políticos (los mismos del 2019 y 2020) se comprueba que intentan emular y retomar las condiciones de capital político que les fueron favorables el 2019 y 2020. Esa es la disputa política de hoy. Esa la batalla ideológica a la que se enfrentan cotidianamente los actores políticos emergentes del bloque nacional popular. Gualberto Arispe Maita encabeza esa disputa por el sentido común desde el Trópico de Cochabamba. Una región que es constante atacada y mitificada con falacias como “La meca del narcotráfico en Bolivia”. Este ataque sistemático y coordinado hábilmente se da desde el eco que generan los medios hegemónicos de comunicación amplificando los discursos y poder de irradiación de los voceros más recalcitrantes de la oposición política radical y troglodita (Creemos), pero también desde la oposición de la socialdemocracia colonial de Comunidad Ciudadana; la táctica comunicacional busca erradicar los liderazgos políticos devenidos del Trópico de Cochabamba porque les retrotrae inevitablemente a la historia de los primeros años de Evo Morales en la vida política, Una historia en desarrollo que está siendo labrada por estos nuevos liderazgos cocaleros.
Fue justamente la región del Trópico de Cochabamba desde su irrenunciable antiimperialismo y anti ONGeísmo la que parió el liderazgo histórico de Evo Morales Ayma, primer presidente indígena de la historia de Bolivia. La oligarquía señorial racista y fascista de Bolivia no se puede permitir que nuevamente esta región genere líderes símiles a Evo Morales, por eso el ataque despiadado. No en vano la región del Trópico de Cochabamba, al igual que Senkata en El Alto, fue militarizada y sometida a un estado policial de panóptico represivo.
Del sujeto histórico indígena originario campesino personificado por Evo Morales, se ha evolucionado políticamente en el tiempo al sujeto indígena contemporáneo urbano con un grado de irradiación no solamente rural, sino también urbano; ejemplificado por los actores políticos del Trópico de Cochabamba. No es ninguna casualidad el surgimiento de Leonardo Loza como senador, Andrónico Rodríguez como presidente de la Cámara de Senadores y de Gualberto Arispe Maita como Jefe de Bancada Nacional del MAS-IPSP.
Estos líderes hechura de las propias luchas sociales personificadas por Evo Morales reencarnan la continuidad del Proceso de Cambio, desde lo generacional su proyección política es abismal en los casos específicos de Andrónico Rodríguez y Gualberto Arispe Maita, ya que con menos de 35 años de edad reflejan a ese 40% joven del padrón electoral. Una juventud volátil que no encontró hasta la fecha su real dimensión en la representación política proporcional a su importancia electoral.
En un panorama donde lo urbano se impone por sobre lo rural electoralmente hablando, estos liderazgos deben disputar el caudal electoral en el escenario urbano. Su creatividad para generar espacios de coincidencias identitarias generacionales y vivenciales será la clave del éxito electoral del MAS-IPSP en las elecciones venideras.

Gabriel es abogado. Titulado de la Universidad Mayor de San Andrés, mención en Derecho Internacional. Especializado en Geopolítica por la Unidad de Postgrado de la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM. Posgrado en comunicación estratégica y gestión de la comunicación por el IpiCOM UMSA. Brinda análisis internacionales en RT, Hispan TV y teleSUR. Director del Centro de Estudios Geopolíticos CENAC Bolivia. Docente universitario.
Autor de los libros:
“Poemas para la liberación de la mujer”, “¿Qué es Diplomacia de los Pueblos?” y “Comunicación política desde el Sur”.
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