Gaby Vallejo Canedo: Escritora boliviana con alrededor de 40 obras publicadas. Es autora de varias novelas, cuentos, ensayos y relatos para niños. Entre sus obras más exitosas se encuentra Hijo de Opa que fue llevada al cine con el nombre de «Los hermanos Cartagena», y traducida al inglés.
Se había instalado en toda Bolivia un clima de terror político.
En las puertas principales de la Universidad Mayor de San Simón, estaban día y noche, tanques de guerra que nos vigilaban constantemente, a la entrada y salida. Nos decían que controlaban nuestras clases. Pero sabíamos que no era verdad. Incluso, circulaban los militares por los pasillos de la facultad. Era la mordaza. Cuidábamos nuestras palabras. Sabíamos que se jugaba la sobrevivencia.
Sabíamos que por las noches se realizaban allanamientos y apresamientos, en las casas de la ciudad y que era forzoso guardar silencio para sobrevivir. No recuerdo que hubiera habido una respuesta a esta situación al interior de la Universidad. Por lo menos, no me invitaron a ninguna reunión clandestina.
En el colegio Mejillones, donde trabajaba, habían mayores reacciones a la situación. No sé si era porque teníamos un director que permitía y hasta creo, gestaba las protestas, que constantemente estábamos en marchas de protesta, apoyos a huelga de estudiantes, de fabriles, de la COB, etc . Incluso supimos que habían asesinado, bajo un puente del río Rocha, a un líder estudiantil de colegio, que apellidaba Cautin, el cual nunca más volvió. No se le vio más, lanzando sus discursos revolucionarios desde el balcón a los estudiantes en filas, por cursos. No sé si Cautín, era su apellido verdadero. Pero todos teníamos miedo. La consigna general, era no hablar del caso, porque podrían haber represalias sobre tus padres, hermanos, hijos. Clima de completo terror.
Circulaban, en voz baja, las más terribles informaciones sobre torturas a hombres y mujeres, persecuciones, la existencia de Casas de Seguridad, que eran lugares donde se torturaba a los presos. Me habían señalado, en secreto, una de ellas, en la Avenida Humbolt, que causaba estremecimiento al sólo pasar por la acera.
Se hablaba con espanto, de lanzamientos de prisioneros políticos desde aviones en pleno vuelo, de mujeres abusadas sexualmente, con los senos quemados con cigarrillos – para recuerdo -. En esas condiciones, era imposible pensar en “Libertad de prensa”.
No imaginábamos que se vivía en muchos países de Latinoamérica, la misma situación .Menos aún que existía un “Plan Cóndor,” que había sometido a similares situaciones a los ciudadanos otros países. Los rebeldes, los pensadores, estaban fuera del país, en calidad de refugiados o exilados, o ya los habían matado. Circuló una expresión espantosa. “A los guerrilleros hay que matarlos en el vientre”, como decisión y amenaza a las mujeres de los revolucionarios.
Yo acumulé en el interior el miedo y las informaciones, que después se hicieron cuentos, novelas, libros testimoniales.
Estuve en una “lista negra” ¿De quienes?. Nunca lo supe. Werner Guttentag me llamó una mañana, pidiendo que me deshiciera de libros de tendencia izquierdista, que yo estaba en la lista negra y que me podían dañar, perseguir. Ya había publicado dos novelas con su editorial “Los Amigos del Libro”: “Los Vulnerables” e “Hijio de Opa, en plena dictadura 1974 y 1997 y mis libros, tocaban temas que incomodaban a los poderosos. Homero Carvalho ha señalado posteriormente, estos detalles como signo de valentía. Yo misma me sorprendo de mi osadía. Tal vez me sentía protegida por mi editor, porque me dí el derecho de desafiar, de denunciar. Lo hice. Presenté mi novela al concurso y lo gané. Incluso recuerdo que decía en las entrevistas por radio y por prensa. “Los militares no leen, menos aún libros escritos por mujeres”Está registrado en la prensa.
Yo misma no me explico cómo le editorial Guttentag, había publicado “Hijo de Opa”, casi en plena dictadura, 1977. Una novela que denunciaba justamente la dictadura. No sé qué me protegió. ¿Si los hijos, pequeños por entonces, menores de 3 o 4 años, o realmente qué?
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